Vivir en Francia fue intenso, una nueva cultura me rodeaba en donde los estereotipos y prejuicios muy típicos de América

 
Johan Dreyer - PUC - Sciences Po Paris


Mi nombre es Johan Dreyer, tengo 21 años y vengo de la ciudad de Antofagasta en el norte de Chile. Actualmente, curso mi cuarto año de  Ciencia Política en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Durante el año 2012, realice un intercambio de dos semestres en la universidad de Sciences Po, Paris. El nivel de estudios era de segundo año de Ciencia Política en esa Universidad, y formación especial no tenia ya que era un programa de Intercambio, por lo que tuve la facilidad de poder elegir asignaturas de diferentes áreas como Relaciones Internacionales, Ciencia Política, Historia, entre otros.


Producto de mi formación académica, desde muy pequeño me vi vinculado con diferentes idiomas y culturas. Primero el Ingles durante toda mi enseñanza escolar, y luego a la edad de 16 años realice un Intercambio de 6 meses en la ciudad de Hamburgo, Alemania. Ya en la universidad, al estudiar una carrera con un fuerte enfoque en las relaciones internacionales como lo es la Ciencia Política, decidí realizar un segundo intercambio pero esta vez universitario. Sciences Po, es reconocida a nivel mundial como una de las instituciones líderes en la Ciencia Política y la administración pública, lo que cautivo mi atención, y junto con la oportunidad de aprender un idioma nuevo, fue mi primera y única opción para realizar el intercambio.

Francia se caracteriza por ser una sociedad cosmopolita, vanguardista y culturalmente muy rica, lo que atrae la atención de cualquier estudiante alrededor del mundo. La ciudad de Paris por si sola representa un mundo de vivencias y experiencias las cuales en cada esquina de sus calles te pueden sorprender con personas, lugares y vivencias que nunca antes uno ha vivido. Esta dinámica típica de Europa y especialmente Francia significaron un gran atractivo para mí, y mi formación profesional, ya que te permite adquirir conocimiento no solo académico, sino que como persona y a nivel transversal.


Para realizar un balance de una experiencia tan amplia como lo es vivir un año en Francia, hay tener en cuenta factores de todo tipo. A nivel personal, para mí fue una experiencia única, la cual me permitió conocer gente de todos los rincones del planeta, pero no cualquier persona, sino que la mayoría eran estudiantes universitarios como yo que tenían profundos conocimientos de sus países y sociedades, permitiendo que a la hora de conversar e intercambiar experiencias, el nivel de conversación era sumamente alto y enriquecedor. A nivel académico la universidad en si significo toda una nueva metodología de estudio, es decir, el sistema de “expose” muy típico de Francia en donde el fuerte es la presentación oral, y la interacción entre el alumno y sus compañeros y profesores, permite un intercambio de conocimientos mucho más rápido y diferenciado, por lo que te motiva a aprender a cabalidad tu tema de estudio, ya que en conjunto, existe un aprendizaje común, y uno nunca se quiere quedar atrás, por lo que en todas mis clases tuve que dar el 100% lo cual resulto en un completo aprendizaje.


Vivir en Francia fue intenso, una nueva cultura me rodeaba en donde los estereotipos y prejuicios muy típicos de América Latina, rara vez significaban un problema o un tabu. Esto lo digo porque a la hora de tus amistades, al compartir todos un ambiente académico común, las diferencias de raza, de clase, de orientación sexual o de origen, pasan a ser irrelevantes y cada una de esas personas aportan un grano de arena para que tu experiencia sea muy completa y enriquecedora. Recuerdos tengo muchos, la gran mayoría muy positivos ya que tuve la suerte de que nunca me pasara un accidente o una mala experiencia, simplemente hay que ser precavido con lo que uno hace, donde lo hace y con quien se junta. Particularmente siempre me acuerdo de los últimos días del intercambio, en pleno verano europeo, con mis amigos de todas partes del mundo (incluyendo franceses) haciendo un picnic en uno de los tanto parques que tiene parís, y ver esa linda ciudad de fondo, junto a personas que uno sabe que quizás no las vera nunca más en la vida, pero aquel momento, de compartir en idiomas diferentes, con personas diferentes, en una ciudad tan diferente a la tuya, queda inmortalizada en la memoria de cualquier persona y no me queda más que recomendarle a cualquier persona que lo considere, simplemente hacerlo y no pensarlo dos veces, ya que a la hora de volver a tu país, te das cuenta que esos meses o ese año en Francia, fueron y probablemente serán, el mejor tiempo de tu vida.